Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos Cortos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos Cortos. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de mayo de 2026

La semilla que crecía en silencio

Había una vez una mujer que tenía el don de soñar. No eran sueños comunes, ni pasajeros.
Eran sueños profundos, de esos que laten en el pecho y piden convertirse en realidad.
Al principio, como hacen muchos, quiso compartirlos.
Buscó la mirada cercana, la aprobación, el acompañamiento.
Pero cada vez que hablaba de ellos, algo cambiaba.
No siempre eran palabras duras.
A veces era una preocupación disfrazada de consejo. Otras veces, una duda suave, casi imperceptible.
Y en ocasiones, un silencio cargado de escepticismo. Sin darse cuenta, aquellos sueños comenzaban a debilitarse. No porque fueran imposibles, sino porque habían sido expuestos antes de tiempo.
Un día, comprendió. Recordó una antigua enseñanza: que no toda semilla debe mostrarse antes de brotar. Que hay procesos que necesitan silencio, oscuridad fértil,
y resguardo.
Desde entonces, decidió cambiar.
Cuando un nuevo sueño nacía en su interior, no lo anunciaba. No lo explicaba. No lo defendía.
Lo cuidaba. Lo alimentaba con su propia certeza, le daba tiempo, y lo protegía de miradas que, sin intención, podían cargarlo de dudas o de miedos ajenos.
Si alguien preguntaba, respondía con ligereza o desviaba el tema.
No por ocultar, sino por preservar.
Porque había entendido algo esencial: no todas las personas que nos aman pueden sostener la dimensión de nuestros sueños.
A veces, el miedo de otro se instala en nosotros como si fuera propio.
Y así, lo que estaba destinado a crecer, se detiene.
Con el tiempo, sus sueños comenzaron a tomar forma.
Uno a uno, como brotes firmes que atraviesan la tierra. Y recién entonces, cuando ya eran realidad,
los mostraba al mundo.
Sin explicaciones.
Sin justificaciones.
Solo como hechos.
Porque había aprendido
que los sueños no necesitan ruido para crecer. Necesitan silencio. Convicción. Y una fe que no se negocia.
Desde ese día, nunca más confundió compartir con exponer.
Y entendió que, así como una semilla no se arranca para ver si está creciendo,los sueños tampoco se revelanantes de estar listos.